De tinta y rebeldía Ar Mendoza

De tinta y rebeldía Ar Mendoza

Espectaculares en cada esquina, estruendosos ruidos en todos los semáforos producidos por las distintas brigadas que realizan los candidatos, basura por doquier, contaminación visual, auditiva y pocas propuestas son la atracción principal del momento campañero. Lo dije con anterioridad y lo repito ahora, el circo mediático que generan las campañas políticas no es más que eso, un espectáculo, una lucha a 3 caídas y sin límite de tiempo. Sin embargo, lo que me parece sumamente preocupante es el derroche de dinero que algunos candidatos gastan en impresos, banderitas, acarreo, gorras, pulseras y espectaculares, los cuales por cierto no son nada baratos, esto es algo aberrante, insultante, y poco ético en una ciudad que pide a gritos propuestas verdaderas y hechos contundentes.

Y sí, ya sé que todos los candidatos y partidos políticos tienen topes económicos de campaña y que con ello cubren sus gastos para propagar su idea a través de los diferentes medios de difusión; sin embargo, es espeluznante circular por las calles de la ciudad de Morelia o por distintos municipios del Estado de Michoacán y encontrar en cada esquina la imagen del candidato o candidata, pareciera que en México las campañas se quedaron en la década de los 90, pues no veo más que generación de basura, contaminación visual y auditiva.

Y sí, todo esto lo digo por aquellos candidatos que atascan la ciudad de espectaculares, que son más conocidos por una foto que por sus buenas administraciones, sus propuestas o sus acciones en pro de la ciudad o del Estado de Michoacán. Más triste aún son algunos candidatos y candidatas que se dan “baños de pueblo” en las comunidades, en las rancherías y en el transporte público; de pronto pareciera que subestiman al electorado con campañas torpes, ridículas y poco creíbles.
Pero lo que he percibido con más tristeza, e incluso hasta pena ajena, es el famoso “acarreo” en los diferentes eventos de arranques de campaña; sobre todo en aquéllos donde se ve un montón de gente agitando banderas, sonando matracas y aplaudiendo a diestra y siniestra, sin siquiera saber cuál es el nombre de los candidatos, o de cuáles son las propuestas que dichos personajes han proclamado a favor de la ciudadanía, pero eso ya es otra historia. De igual manera debemos preguntarnos ¿cuánto se gastan los aspirantes en todo lo anteriormente mencionado? estoy casi seguro que nos espantaríamos y hasta una que otra mentada de madre saldría por nuestra boca, esto por decirlo menos.

Aplaudo a aquellos candidatos que invitan al debate, a la confrontación de ideas, elogio a aquellos personajes que desde antes de ser aspirantes a un cargo público han viajado en transporte público, que se han formado en las filas interminables del IMSS o que han padecido los mismos infortunios de todos y cada uno de los ciudadanos, apruebo aquellas campañas que son a ras de tierra, escuchando las demandas de una población que se encuentra abandonada y en el olvido, pues es ingenuo y hasta retrógrada creer que todos los políticos son iguales, existen algunos con verdadera vocación de servicio.

Sin embargo, existen otros con aires de grandeza, aquéllos que hacen campaña por los aires allá en la cima donde son inalcanzables, donde sólo en campaña se les ve haciendo gestiones y haciendo promesas insulsas, aquellos que se gastan miles de millones en espectaculares, en acarreos y banderitas, esos, son los que joden a la nación; como dijera aquella consigna, pues utilizan la ilusión de la gente como su mejor arma para posicionarse en lo más alto de las cúpulas políticas, que triste que esos que derrochan el dinero sean los que al final obtengan los beneficios de la ciudadanía mediante el voto.

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